Locura que el fin no puede matar,
esbozo de mí,
migajas de pan;
caricia del tiempo que no quiere herir
y así, sin quererlo, lastima al pasar.

Locura sin fin, igual, qué más da,
un sueño febril,
delirio total,
la siempre conciencia de saber quién fui
e infame evidencia de no serlo ya.

Y así, sin quererlo, lastima al pasar
mi sueño febril,
mi estatua de pan
labrada en el tiempo con caricia vil,
parece venir -pero no- se va.

Locura que al fin es mi realidad,
esbozo de mí,
un trazo al azar
con ojos de artista en un lienzo añil
que a ojos del mundo es un lienzo más.

Locura, por fin vienes a domar
lo intrépido en mí
y lo mustio allá,
con cincel descubres lo mejor de mí
y me haces estatua, estatua de pan.