Te perdono llegar a mi vida ha ya tiempo
y asegurarme mieles y seductores besos.
Te perdono robarme mi futuro y mis sueños
con promesas banales e interminables cuentos.

Te perdono no darme el hijo que yo quiero,
por casi despreciarme a punto de tenerlo.
Te perdono arruinarlo con tu egoísmo necio,
enojarte conmigo y enviarlo hasta el Cielo.

Te perdono el moldearme a tu capricho ciego
y mostrarme triunfante a todos cual trofeo.
Te perdono encerrarme en tu mundo tan viejo
y alejarme de todos, y de aquello que creo.

Te perdono dejarme cada mes sin un peso
para pedir prestado negociando tu aprecio.
Te perdono ataviarme de regalos diversos
para pasarme el voucher después de cada pleito.

Te perdono obsesiones y gustos tan adversos,
aquellas nimiedades que fueron descontentos.
Te perdono abortarme de mi sangre y mi pueblo
y preñarme de amores, de amores extranjeros.

Te perdono por ver a mi madre sufriendo,
sufriendo los desprecios de tus enfermos celos.
Te perdono, pues luego de salir corriendo
te lo quedaste todo y me dejaste encuero.

Te perdono hoy también, después de un mes entero
que le digas a todos que no fui un hombre recto.
Te perdono que violes mis íntimos secretos
y por cada perjurio que publicas en Facebook.


Perdona tú también el prestarme a tu juego
y llevarte a la cama en el primer momento.
Perdona la sotana que dejé por tus senos
por tenerla guardada en mi caja de huevos.

Perdona aquella noche que a pesar de mis suegros
quería estar contigo y no en el aguacero.
Perdóname no estar en el día sangriento,
porque estaba en la Iglesia y mi hijo muriendo.

Perdona el aceptar ser tu caro muñeco
y tomarte del brazo como marido bueno.
Perdona ser más joven y por cansarme menos,
por tú decir “Te amo” y yo decir “Te quiero”.

Perdona mi pobreza, por no tener dinero
aunque siempre te daba mi salario completo.
Perdona los regalos, del tianguis todos ellos,
y por no echarlo en cara como sabes hacerlo.

Perdóname el enojo por patear a mi perro,
por las moscas en casa, por mis hediondos pedos.
Perdona amar a Cuba y hablarles por teléfono,
que por ser un buen hijo jamás yo fui mal yerno.

Perdona a “la emigrante” que te trajo tormentos,
esa misma mujer parió a tu compañero.
Perdona que te deje por hogar un infierno
nunca quise tus cosas, las dejo de recuerdo.

Perdona por mis gritos y mis golpes alternos
que me castigue Dios y me mande al infierno.
Perdona que publique los hechos verdaderos
y si no estás de acuerdo, también perdón por ello.