Qué dolor me ha causado el adiós que te dije,
el adiós que ha matado la sonrisa en mi rostro,
y en mis hoy secos labios el discurso en reposo
sueña el sueño de aquellos que yacen esperando.

Qué dolor que me aflige, que me está torturando.
El dolor que persigue con fauces carniceras
a mis horas de hoy con historias tan viejas
y me deriva en llanto porque tanto te quise.

Qué dolor al no amar como antaño lo hice,
al querer olvidar pero seguirte amando.
El adiós que te dije fue una daga en mi mano
que se clavó y no puedo lograr que cicatrice.