Cuando ya no quede nada,
ni dolor que me castigue,
ni calor que me fatigue,
y se apague mi mirada...

Cuando el sueño canonice
lo que he sido y lo que hice
ante la pena embargada.

Renacerá mi valía,
en mi ya postrimería,
a la orfandad destinada.

Y así, por muy encumbrada
que sea mi despedida,
cada quien sigue su vida
cuando ya no quede nada.

Cuando ya no quede nada,
ni la angustia que me oprime,
ni un anhelo que me anime
y mi voz no sea escuchada…

Cuando la ausencia me indulte
Y a pesar de quien me insulte
sea mi falta amortajada.

No faltará quien me alabe
por lo que sabe y no sabe
en hipócrita velada.

Y así, la suerte marcada:
arrebujado en mi fosa,
mientras puede, el vivo goza
hasta que le quede nada.